Exito empresarial

Nuestra forma de pensar tiene mucho que ver con los resultados que obtenemos con nuestras acciones. Nuestros hábitos influyen en nuestro éxito empresarial.

Lo que hacemos está directamente relacionado con lo que pensamos.

Por tanto, nuestra mentalidad dirige nuestro destino.

En este artículo vamos a estudiar esta relación y a plantearnos nuevas perspectivas para mejorar nuestros negocios y también nuestras vidas.

Lo primero será plantearnos nuestra relación con el dinero.

Para que un negocio perdure y prospere tenemos que obtener rentabilidad, de lo contrario y por definición dejará de ser un negocio y se convertirá en otra cosa; un hobby, una ONG…

Sin embargo, esto no quiere decir que sólo debamos centrarnos en ganar dinero.

De hecho los negocios acaban cerrando cuando su propósito es únicamente ganar dinero, cuando no ponen pasión en lo que hacen, cuando no están respaldados por unos valores que sepan transmitir a sus clientes.

Podemos entender esto muy bien con la Fábula de Esopo, la de la gallina de los huevos de oro.

Un granjero descubre que su gallina ha puesto un flamante huevo de oro.

Al principio piensa que pueda tratarse de algún tipo de engaño pero cuando comprueba que el huevo es de oro puro no puede creer en su buena suerte.

Día tras día descubría con asombro como su gallina ponía un nuevo huevo de oro puro…

Su riqueza fue en aumento y con ella su avaricia, de modo que un día decidió conseguir todos los huevos de una vez y mató a su gallina para obtenerlos.

Evidentemente la gallina estaba vacía, no había ni un solo huevo de oro y no podría haber ninguno más…

Esta fábula explica muy bien la necesidad de equilibrio entre la “producción” de los resultados deseados, los huevos de oro, y los medios o “capacidad de producir” esos resultados, la gallina.

Si adoptamos un modelo de vida basado en los huevos de oro y nos olvidamos de la gallina, inevitablemente veremos como nos quedamos sin medios para producir riqueza.

Si, por el contrario, nos centramos en cuidar de la gallina sin recoger los huevos, nos encontraremos sin medios económicos para nuestro sustento y el de la gallina.

 

Si no respetamos el equilibrio entre la producción y la capacidad para producir notaremos las consecuencias en distintos aspectos del negocio.

Si no cuidamos los bienes físicos de nuestro negocio que posibilitan la producción de resultados; como el local, máquinas, herramientas… O incluso bienes de carácter intangible como la reputación o la marca, lo más probable es que nuestra gallina agonice.

La inercia puede mantenerla viva un tiempo pero si no atendemos los primeros signos de fatiga acabaremos dejando a otros una gallina moribunda.

Al mismo tiempo si no cuidamos nuestros bienes económicos, nuestra capacidad para ganar dinero, invirtiendo constantemente en adelantarnos a las circunstancias, al entorno, a nuestro cliente; diversificando nuestros ingresos y obteniendo rendimientos de ellos, nuestras opciones serán cada vez más limitadas.

Por último, tenemos que cuidar especialmente nuestro bien más preciado, las personas…

Los clientes y los empleados que los atienden son nuestro principal activo.

De nada sirve cuidar de los clientes si descuidamos a quienes van a tratar con ellos, si no contamos con empleados motivados que pongan toda su pasión, su interés y su corazón en los clientes, a la vez que aportan su capacidad creativa y su imaginación en el negocio, los clientes dejarán de comprar.

Por supuesto, esto nos incluye a nosotros mismos, si llegas al límite de tus fuerzas, drenas tu energía en lo improductivo o te olvidas de tus valores y tus sueños, del verdadero motor que te hace trabajar con ganas y superar cualquier obstáculo, acabarás quemándote.

En definitiva, el equilibrio entre los huevos de oro y el bienestar de la gallina es la esencia del éxito, porque vela tanto por el corto como por el largo plazo.

La riqueza surge más de lo que eres que de lo que haces.

La riqueza surge de la mentalidad, de la forma de ser, de la actitud, de la forma de ver el mundo…

Un 90% de las decisiones que tomamos están controladas por nuestra mente subconsciente; creencias, pensamientos, actitudes, hábitos y patrones de conducta que repetimos porque es lo que nos han enseñado o bien porque en algún momento nos fueron útiles.

Pero esto no quiere decir que sigan siendo válidos, ni que no podamos cambiarlos por otros que nos resulten más efectivos.

Veamos cuál es la mentalidad de la gente con éxito.

Cómo piensan los ricos…

Aquí vamos a hablar del éxito como capacidad para generar dinero.

Evidentemente, la definición de éxito es personal e intransferible pero aquí hablamos de pequeños negocios, por tanto contar con la mentalidad adecuada para producir rentabilidad y ganancias es muy importante.

Cuando hablo de “ricos” me refiero a personas que tienen talento para el dinero, es decir, saben generarlo y utilizarlo para obtener beneficios.

Vamos a ver ahora que diferencia la mentalidad de las personas con talento para el dinero de las que no lo tienen:

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El dinero es una herramienta útil

 

Si tu relación con el dinero no es la adecuada será difícil que puedas generar riqueza.

Me explico, si piensas que el dinero es malo, que saca lo peor de las personas, que no hay para todos y para tenerlo hay que quitárselo a otro.

O incluso que es algo sucio o que solo genera problemas, lo más normal es que tus decisiones se vean condicionadas por estas creencias y actúes en consecuencia, de modo que te será difícil generarlo y utilizarlo adecuadamente.

Sin embrago, si tu forma de pensar considera al dinero como una herramienta útil para generar riqueza no solo para ti y tu entorno sino también para tu comunidad, tu pueblo, tu ciudad… La cosa cambia.

Si además piensas que el dinero te dará la libertad necesaria para desarrollar tus proyectos y de paso crear un mundo mejor y ayudar a los demás… Ya no se ve tan malo.

En realidad el dinero no es ni bueno ni malo, simplemente amplifica lo que somos, nuestros valores y nuestras actitudes salen a la luz y son éstas las que pueden ser mejores o peores.

No es necesario tener dinero para contar con una buena relación con él, ahora mismo puedes estar en una situación precaria y aún así ser rico mentalmente porque conoces el camino y estas dispuesto a aprender lo que funciona.

Por otro lado siempre se dice que el dinero no da la felicidad y es algo a lo que muchos se agarran para desprestigiar la riqueza.

La felicidad, el amor, la familia, la salud, los amigos… Sin duda son ingredientes importantísimos en la vida pero no tienen porque ser contrarios al dinero, de hecho el dinero puede mejorar todos estos aspectos.

Es como si te preguntan ¿Qué es más importante un brazo o una pierna…? Pienso que ambas son igual de importantes… La libertad financiera también.

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Mentalidad de Acción

 

La gente rica sabe que nada llega sin esfuerzo y que a una actitud positiva debe sumarse una actitud proactiva para que los resultados lleguen.

La suerte hay que crearla y trabajarla.

Es una mentalidad muy distinta a la del que espera que la riqueza llame a su puerta de forma milagrosa; a través de la lotería, una herencia o un golpe de suerte… Puede ocurrir pero la probabilidad de que pase es muy pequeña.

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El conocimiento es riqueza

 

Tener un negocio propio es el mejor comienzo para generar riqueza.

Todos tenemos un talento especial, algo en lo que somos muy buenos, mejores que los demás y desarrollar ese talento es mucho más fácil cuando dirigimos nuestra empresa.

Trabajar para conseguir los sueños de otro muchas veces genera frustración, limitaciones, falta de motivación.

Sin embargo, trabajar en lo que nos apasiona, aquello que nos gusta y en lo que ponemos el corazón y la cabeza de forma plena, nos hace desarrollarnos y sentirnos motivados.

El conocimiento no solo surge de una educación reglada, igual para todos, que no tiene en cuenta las características individuales, los talentos, las habilidades y las pasiones.

Un negocio propio nos pone en el camino de generar una riqueza que nunca se podría alcanzar trabajando para otro, pero también supone la responsabilidad de ser dueños de nuestro destino.

De modo que nuestra formación depende de nosotros, de nuestras ganas de aprender, de innovar, de mejorar.

El éxito de nuestro negocio depende de nuestra adaptación al entorno, al cliente, del conocimiento que tengamos de nuestro sector o nuestra industria y para conseguirlo debemos estudiar constantemente.

También depende de nuestra humildad para reconocer debilidades y apoyarnos en otros para que el conjunto sea lo más equilibrado posible y poder ofrecer un mejor servicio.

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Mentalidad de futuro

 

Dicen que un sintoma de que te haces mayor es empezar a mirar al pasado más que al futuro e incluso empezar a criticar a los jóvenes…

Pero no es solo una cuestión de edad.

La gente con éxito piensa que el futuro siempre va a ser mejor y trabaja en esa dirección.

Se plantean nuevos objetivos, planifican, deciden donde quiere estar en 1 año, en 2 o en 3 y organizan las acciones que van a llevar a cabo para construir la realidad que desean.

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Control de las emociones

 

Las personas con éxito controlan sus emociones tanto para ganar como para gastar.

Además tienen un control sobre la incertidumbre y el riesgo.

Piensan en el dinero desde la razón y la lógica.

Y generan activos que producen ingresos para cubrir gastos, sin necesidad de menguar su capital.

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Trabajar la pasión

 

Para cosechar éxitos es necesario apasionarnos con lo que hacemos, eso nos da entusiasmo, fuerza, motivación, alegría y ganas de continuar.

Trabajar en algo que no nos gusta produce los efectos contrarios.

Sin embargo, es mucha la gente que odia su trabajo, que trabaja exclusivamente por dinero y nada más…

Evidentemente, eso se nota en el desempeño tanto como en el ánimo.

Un trabajo que no te hace feliz, con el que no disfrutas es una tortura.

En cambio, un trabajo que te gusta va a sacar tu mejor versión, va a desarrollar todo tu potencial y todos los esfuerzos que tengas que hacer los harás con gusto.

Por eso es tan importante elegir algo que esté alineado con tus pasiones y con tus valores, algo que te llene plenamente y que potencie todas tus capacidades.

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Valorar el fracaso

 

Otra de las grandes diferencias en la mentalidad de las personas con éxito es el valor que se le da al fracaso.

Para muchos el fracaso es una fuente de frustración, de miedo, de derrota insalvable y visto así parece lógico arriesgarse lo menos posible, asumir unas expectativas de vida donde nos podamos sentir cómodos sin retarnos en absoluto.

Sin embargo, la mentalidad de éxito sabe que antes de triunfar hay que fracasar muchas veces porque es precisamente del fracaso de donde vamos a obtener el aprendizaje y el conocimiento necesarios para obtener mejores resultados la próxima vez.

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La importancia del Ser

 

La riqueza es una mochila mental, un conjunto de actitudes, habilidades y capacidades que uno desarrolla dentro de si mismo.

De modo que siempre va a poder replicar el éxito porque se trata más de los que somos que de lo que hacemos.

La persona que triunfa se enfoca en su desarrollo personal, en su crecimiento, para desarrollar habilidades que generen riqueza.

Cómo actúan los ricos…

Nuestros pensamientos generan acciones, nuestras acciones crean hábitos, nuestros hábitos construyen un carácter y nuestro carácter escribe nuestro destino.

¿Cuántas cosas hacemos en piloto automático? Nuestro día a día está marcado por la inercia, por la rutina, por los hábitos.

El éxito no está escrito sino que debe cultivarse diariamente y las personas exitosas además de pensar diferente también actúan de forma distinta.

Algunas de las características más destacas que suelen repetirse en los patrones de éxito son:

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Buenos hábitos

 

Nuestras actividades diarias determinan nuestros resultados.

Sin embargo, no solemos prestar mucha atención a lo que hacemos diariamente, nuestra rutina se divide en obligaciones y devociones pero ¿hasta qué punto decidimos conscientemente lo que queremos hacer y cómo lo vamos a hacer?

Algunas de las actividades diarias que más pueden mejorar nuestros resultados tanto en la vida como en nuestro negocio son:

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Organizarse: Las personas exitosas son capaces de organizar su tiempo de forma que puedan desarrollar todas las actividades, tanto importantes como urgentes, que quieren llevar a cabo, con mayor eficiencia.

Establecer una lista de prioridades para el día siguiente y ocuparse de lo importante a primera hora puede ayudarte.

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Madrugar: Ya sé que esto no es muy popular, pero todos sabemos la diferencia entre lo que da de sí un día cuando madrugamos y cuando hacemos perezas.

Eso sí, siempre hay que estar descansados, defiende tus horas de sueño como a tu vida… Madrugar requiere acostarse temprano.

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Cuidarse: Cuidar la alimentación, las horas de sueño, hacer ejercicio, meditar, dedicar tiempo al ocio y al descanso son hábitos que proporcionan energía, buen humor y aumentan la productividad.

Moderación es la palabra clave para tener una vida equilibrada.

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Relacionarse: Relacionarse con otras personas, fortalecer los lazos de amistad, hacer networking y aprender de todas nuestras relaciones es humano y además favorece el triunfo.

Nadie llega a la cima solo.

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No perder el tiempo: Estar ocupado no siempre es sinónimo de no perder el tiempo.

El tiempo es el bien más escaso que tenemos porque además no se puede recuperar, de modo que las personas exitosas no lo desperdician en actividades que nos les aporten nada. En todo momento saben lo que van a hacer porque su agenda está organizada.

Quitar horas de televisión, de internet o de chatear para dedicar a la lectura puede ser un buen comienzo para aprovechar de una forma más productiva el tiempo de ocio.

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Actitud Positiva: Cultivar una actitud positiva puede suponer un esfuerzo pero la recompensa es impagable, además de contribuir a tu salud física y mental, te llenarás de energía, de entusiasmo y de ganas.

Dirigir tus pensamientos y tus emociones hacia lo positivo te hace más resistente a las adversidades, te ayuda a vencer tus miedos, te vuelve más tenaz y menos proclive a posponer y buscar excusas. Además evitará que pierdas la motivación necesaria para seguir adelante.

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Respeto: Ser educado, cordial y respetuoso con todo el mundo así como nunca dejar de lado el sentido del humor te vuelve magnético.

Saber escuchar y hacerlo de una forma activa te ayuda a aprender, a conocer a los demás y sus necesidades y poder ayudarles.

Esto no quiere decir que no sea necesario saber decir “no” cuando la situación lo requiere.

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Pensar a largo plazo

 

Las personas que han conseguido el éxito se guían por sus metas, piensan a largo plazo y establecen un plan de acción para alcanzarlas.

Ese plan general lo dividen en objetivos diarios, semanales, mensuales y anuales para esclarecer los pasos a seguir de forma organizada.

Visualizan los retos con los que se pueden encontrar y establecen planes de contingencia para superarlos y al mismo tiempo son flexibles en sus decisiones para adaptarse a las circunstancias, saben abandonar cuando es necesario, la persistencia no es sinónimo de inconsciencia, saben asumir el fracaso, recoger lo aprendido y ponerse a otra cosa.

Se enfocan en objetivos concretos y mantienen el foco, canalizando su energía y concentrándose en cada tarea, poniendo el 100% de atención en ella, la multitarea no es eficiente.

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Tener un propósito

 

No puedes llegar a ninguna parte si no sabes a dónde quieres ir, pero no basta con saber lo que quieres, es importante también saber por qué lo quieres, ese será el motivo que te hará levantarte cada mañana, que te hará dar todos los pasos necesarios hacia ese objetivo, que vencerá tu miedo y hará que no te rindas.

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Ser curioso

 

Aprender es la única forma de mejorar, además el mundo de hoy está en constante cambio y requiere actualizarse continuamente si no queremos estancarnos.

Las personas exitosas no se conforman con algo mediocre, buscar ser los mejores en algo.

Al mismo tiempo saben que tienen sus puntos débiles y tienen la humildad suficiente para pedir consejo, delegar aquellas tareas que así lo requieran y rodearse de personas más capacitadas que los complementen.

Además cuidan los talentos de sus colaboradores y fomentan la creatividad para descubrir nuevas formas más eficientes de enfrentarse a las situaciones que se presenten.

Los 7 hábitos que favorecen el éxito

Stephen Covey es el autor del best seller “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, libro que te recomiendo vehementemente si no lo has leído y que viene bien repasar de nuevo si ya lo has hecho.

En este libro Covey nos explica el poder que tienen nuestros hábitos en nuestra vida.

Nuestro carácter está formado por nuestros hábitos y por tanto, somos lo que hacemos día a día.

Los 7 hábitos suponen un proceso de desarrollo personal que nos llevará de la dependencia a la independencia, de necesitar a otros para conseguir lo que queremos a conseguirlo gracias a nuestro propio esfuerzo.

Posteriormente, pasaremos de la independencia a la interdependencia como concepto más avanzado de nuestro desarrollo, al descubrir que combinando nuestros esfuerzos con los de otros podemos lograr mucho más.

Se trata de un proceso donde no caben atajos, primero tendremos que sembrar para luego recoger.

Los tres primeros hábitos tienen que ver con conocernos a nosotros mismos y lograr el autodominio.

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1. Proactividad

 

Ser proactivo no supone solo tomar la iniciativa.

Significa que como seres humanos somos responsables de nuestra propia vida, podemos hacer que las cosas ocurran.

Tenemos la libertad de elegir, podemos basar nuestra conducta en valores o en condicionamientos externos, en todo caso somos nosotros quienes otorgamos a esas cosas el poder de controlarnos.

Subordinar las circunstancias, los sentimientos o los impulsos a nuestros principios y sobre todo saber que todos tenemos la capacidad de hacerlo, nos concede la libertad de dirigir nuestras vidas hacia donde queramos.

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2. Empezar con un fin en mente

 

Covey explica este segundo principio situándonos ante nuestra muerte.

Nos hace reflexionar sobre lo que nos gustaría que dijesen de nosotros cuando ya no estemos.

A través de esta reflexión descubrimos lo que realmente es importante para nosotros, nuestros valores más profundos, aquello a lo que no podemos renunciar si no queremos tener una vida vacía.

Conocer esos valores y definirlos nos permite actuar cada día para ser y hacer lo que en realidad queremos.

Supone poder elegir diariamente los pasos adecuados en la dirección que queremos tomar, sin permitir que la vida nos arrastre.

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3. Primero lo primero

 

El tercer hábito supone la realización práctica de los dos anteriores.

Sabemos que somos dueños de nuestro destino y responsables de nuestra vida.

Conocemos los principios por los que nos regimos, nuestros valores esenciales, aquellos criterios que no podemos traicionar si queremos una vida plena.

El tercer hábito supone la puesta en práctica de los dos puntos anteriores.

Se trata de actuar de forma congruente con nuestros principios, cada pequeña decisión, cada vez que elegimos necesitamos actuar en consecuencia.

El denominador común de las personas de éxito está en este punto.

Supone tener la disciplina y el autocontrol necesario para subordinar nuestros impulsos, nuestros deseos del momento y nuestros sentimientos al propósito que queremos alcanzar.

Una vez alcanzadas esas “victorias privadas” estaremos preparados para pasar de la independencia a la interdependencia.

Es decir, tendremos el carácter de base necesario para conquistar lo que Covey llama “victorias públicas”, aquellas orientadas hacia la cooperación, la comunicación y el trabajo en equipo.

No podremos gustar a nadie si no nos gustamos antes a nosotros mismos.

Para ello es necesario conocerse y tener disciplina.

Para ser verdaderamente independientes necesitamos ponernos al mando de nuestra vida, centrarnos en nuestras prioridades y actuar con integridad, solo cuando consigamos esto podremos construir relaciones valiosas.

Volviendo a la gallina de los huevos de oro, para conseguir el equilibrio entre la producción y la capacidad de producción necesitamos crear relaciones que hagan realidad esos resultados.

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4. Pensar en ganar/ganar

 

Ganar/ganar supone procurar el beneficio mutuo en todas las relaciones que tengamos.

En el momento en que pasamos de la independencia a la interdependencia asumimos un rol de liderazgo, tenemos la capacidad de influir en otras personas.

De modo que la mejor forma de que esas relaciones sean efectivas es que todas las partes estén satisfechas con los acuerdos establecidos, así su compromiso será pleno.

Esta filosofía de vida se basa en que el éxito de una persona no se consigue a expensas del de otra.

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5. Primero comprender y después ser comprendido

 

La clave de la comunicación entre personas es comprender al otro.

Para ello resulta fundamental saber escuchar con la intención de comprender.

Tendemos a precipitarnos y sacar conclusiones basadas en nuestras vivencias antes de entender realmente el problema y hacer un diagnóstico de la situación.

Pero para comprender profundamente a otro tenemos que ponernos en su pellejo, solo desde esa posición obtendremos la confianza necesaria para desarrollar relaciones fructíferas.

La otra parte de una relación ganar/ganar es ser comprendido.

Una vez que hemos demostrado nuestro interés por comprender al otro, tendremos una relación tan sólida que podremos ser comprendidos y llegar a soluciones satisfactorias para todos.

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6. La sinergia

 

La sinergia supone que el todo es más que la suma de sus partes.

Significa que uno más uno pueden ser tres, o cuatro, o más…

Se trata de un proceso de creación del que surgen nuevas posibilidades, mejores opciones, alternativas creativas.

Pero para descubrirlas tendremos que pagar el precio del descubrimiento, tendremos que explorar nuevos caminos y asumir los riesgos de lo desconocido.

La esencia de la sinergia supone respetar y valorar las diferencias, compensar las debilidades y construir algo nuevo apoyados en las fortalezas.

El sèptimo hábito es el de la renovación.

Es el proceso que nos permite ascender en una espiral de crecimiento y cambio.

Para no dejar de progresar necesitamos aprender, comprometernos y actuar de forma constante.

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7. Afilar la sierra

 

Afilar la sierra significa invertir en el mayor activo con el que contamos, nosotros mismos.

Debemos reconocer la importancia de dedicar tiempo a las cuatro dimensiones de nuestra naturaleza:

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La Física: Supone cuidar nuestro cuerpo físico; comer adecuadamente, descansar lo suficiente y hacer ejercicio con regularidad.

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La Espiritual: Es nuestro núcleo, el compromiso con nuestro sistema de valores, que en cada persona será diferente. Puede ser el contacto con la naturaleza, meditar, leer, escuchar música, jugar…

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La Mental: Nuestro desarrollo mental es algo que tampoco podemos descuidar: la educación, escribir, planificar…

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La social y Emocional: Supone cuidar las interacciones con otras personas, centrándonos en el liderazgo, la comunicación y la cooperación.

Como ves, este libro es toda una lección de vida que nos acerca a la compresión del mundo que nos rodea, válido en todas las facetas humanas; la familia, la empresa, el dinero, el trabajo, la pareja, los hijos…

Estos principios son válidos para aplicar tanto en la vida personal como en la profesional, porque la esencia de todos ellos es que si no nos gusta lo que tenemos debemos cambiarlo, pero ese cambio siempre comienza en nosotros mismos.

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