mentalidad empresarial

Para mejorar tus técnicas empresariales no necesitas saberlo todo, pero sí que hay algo sobre lo que se asienta el futuro de tu negocio y es tomar decisiones acertadas, lo que depende directamente de tu mentalidad empresarial.

Aunque pueda parecer que esto viene de serie en cuanto montamos un negocio, en realidad no siempre es así.

Salvo que tengamos una familia emprendedora, en nuestra sociedad, tradicionalmente, nos educan para ser empleados y lograr seguridad.

Tal vez fuese un pensamiento válido hace unos años, pero esa seguridad se ha vuelto cada vez menos segura.

Es difícil encontrar padres que aconsejen a sus hijos emprender, montar un negocio, arriesgarse…

Generalmente, los padres suelen estar mucho más contentos cuando sus hijos hacen oposiciones o encuentran un empleo, aunque sea mal pagado, en una gran empresa, con la esperanza de acabar obteniendo un “buen puesto”.

No es que tenga nada de malo trabajar para otro, pero está claro que el modelo mental es totalmente distinto.

Mientras que trabajar por cuenta ajena puede aportar cierta sensación de seguridad, como puede ser tener un sueldo a fin de mes, estar al frente de un negocio propio es todo lo contrario, la incertidumbre es el pan nuestro de cada día, sin embargo, aprender a controlar esa incertidumbre nos compensa con libertad.

No hay nadie a quien obedecer, no tenemos un jefe que tome decisiones por nosotros y ponga límites a nuestras ideas.

Somos libres de desarrollarnos como queramos y, por tanto, responsables de nuestros resultados.

En este artículo vamos a ver cómo puedes formar la mentalidad empresarial de la que depende tu éxito.

Porque dependemos de nosotros mismos para tomar decisiones y del acierto de éstas dependen nuestros resultados.

No podemos gestionar un negocio con una “mentalidad de empleado”.

Muchas veces es un desahogo culpar a los demás, quejarnos y despotricar, cuando tanto esfuerzo no ha dado los frutos que esperábamos.

Pero si gastamos nuestro tiempo y energía en quejarnos de la situación, de los políticos, de los bancos, del mercado o de la competencia, estaremos dejando de hacer lo que realmente es útil para nuestro negocio; crear algo valioso, llamar la atención, entender a nuestros clientes para vender más, ayudar a más gente, ganar más dinero y contribuir a crear un mundo mejor.

Por eso es tan importante desarrollar un pensamiento empresarial, un modelo mental que nos permita crecer con nuestro negocio, aprender de las circunstancias y adaptarnos a ellas.

Desarrollar la responsabilidad, es uno de los desafíos que todo empresario debe afrontar.

Tenemos que aprender a hacernos responsables de nuestra situación, a manejar la incertidumbre y minimizar los riesgos, a vencer el miedo que nos limita para poder generar riqueza.

Necesitamos abandonar la actitud de culpar a los demás por nuestras dificultades, de buscar excusas o justificaciones para lo que no conseguimos.

Construir o fortalecer la actitud empresarial nos va a permitir desarrollar un negocio con muchas más probabilidades de éxito, porque centraremos el foco de nuestra energía en actuar en lo que está bajo nuestro control, sin perder el tiempo en lo que no podemos controlar.

Solo fracasa quien se niega a participar, quien no aprende y prueba algo nuevo todos los días.

Fíjate en las grandes empresas… ¿Son ahora como cuando las conociste por primera vez?

En ningún caso la pasividad va a reportarnos ningún beneficio.

Esta forma de pensar no garantiza que vaya a salirnos todo bien a la primera, en absoluto, tendremos que repetir las acciones hasta que generen los resultados que queremos, estaremos constantemente aprendiendo de los errores, pero es la única forma de avanzar.

Otro problema que también puede acecharnos es caer en la trampa de que, tras años de experiencia, ya se sabe todo y no hay nada que se pueda aprender o mejorar.

El mundo actual no nos permite este lujo, todo va demasiado deprisa como para no adquirir constantemente conocimientos y destrezas, exigiéndonos a nosotros mismos cada día un poco más.

¿Por qué negarnos a aprender y a crecer? Si sabemos perfectamente que en todo negocio siempre hay algo que mejorar.

Es necesario mantener la mente abierta y una actitud positiva ante el aprendizaje de nuevas formas de mejorar nuestro negocio, buscando fórmulas sencillas, prácticas y claras.

El éxito es una alternativa de cambio que exige mejorar constantemente.

El conformismo es su gran enemigo, tenemos que buscar alternativas y generar estrategias que posibiliten el crecimiento y desarrollo del negocio.

La mentalidad empresarial es un cambio de pensamiento que te permite enfrentarte a los retos que plantea el mercado.

Te convierte en estratega para encontrar la solución más acertada.

Te vuelve innovador para adaptarte a las demandas de tus clientes.

Te transforma en líder para guíar a tus colaboradores.

En definitiva, te pone en el camino correcto para conseguir lo que quieres.

Cómo desarrollar una mentalidad empresarial

Todos tenemos una determinada programación mental, es decir, una forma de entender cómo funcionan las cosas.

Esta forma de interpretar la realidad surge de patrones que hemos asimilado desde niños, a través de lo que veíamos u oíamos habitualmente, o de experiencias vividas que han condicionado nuestro pensamiento.

Toda esta programación no tiene por que ser cierta, ni válida para las circunstancias actuales, sin embargo, forma parte de nuestro subconsciente y prevalece ante la lógica.

Tu condicionamiento subconsciente determina tus pensamientos.

Tus pensamientos determinan tus decisiones.

Tus decisiones determinan tus acciones.

Y tus acciones determinan tus resultados.

Por ejemplo, si de pequeño te decían que no estabas dotado para el dibujo, lo más normal es que siempre hayas pensado que no eres bueno dibujando, por tanto, siempre lo habrás evitado y en consecuencia seguro que dibujas fatal… 😉

¿Qué hubiese pasado sin ese condicionamiento negativo hacia el dibujo? Pues seguramente habrías dibujado más y ahora lo harías mucho mejor.

Lo mismo ocurre con muchas otras capacidades, la creatividad, por ejemplo, es algo que mucha gente considera que no es lo suyo, cuando absolutamente todos tenemos la capacidad de imaginar y crear cosas nuevas.

La capacidad de gestionar, de liderar, de motivar, de administrar, de negociar, de innovar, etc., conforman muchos otros ejemplos de habilidades empresariales que se pueden aprender y mejorar mediante la práctica, si no nos cerramos las puertas.

Vamos a ver cómo puedes reprogramar tu mente hacia una psicología de éxito, hacia un espíritu empresarial.

Los factores que influyen en la mente empresarial

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¿Estás al mando?

 

¿Crees que tienes control sobre tu vida o que es algo que te sucede y eres un mero espectador?

Fortalecer una mentalidad empresarial empieza por aceptar que eres el responsable de lo que pasa en tu vida y, por supuesto, en tu negocio.

Analízate:

Empieza a observar y toma conciencia de tus pensamientos y de cómo te hacen sentir.

Cómo afectan esos pensamientos a tus acciones y, por tanto, a tus resultados.

¿Has tenido siempre miedo de ser diferente, de mostrar tu verdadero “yo” por temor a no encajar?

¿Has evitado colaborar con otros por miedo a que te engañen o se aprovechen de ti?

¿Siempre has pensado que el dinero saca lo peor de las personas y te conformas con lo mínimo para ir tirando?

¿Cuántas cosas sigues haciendo como hace años sin preguntarte si son eficaces?

¿Cuántas decisiones tomas en tu negocio condicionadas por el miedo, la impulsividad, la indecisión…?

Define lo que quieres conseguir y encontrarás la forma de alcanzarlo si comprendes qué es lo que te está impidiendo llegar a ello.

Empieza buscando esos impedimentos dentro de ti, encuentra su fuente, de dónde surgen, cómo han afectado a tus decisiones hasta ahora y qué resultados has obtenido de esas acciones.

¿Te ayudaría a conseguir mejores resultados, pensar y actuar de otra forma?

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¿Compromiso o deseo?

 

¿Cuál es el objetivo de tu negocio? ¿Ganar o no perder?

Hay una sustancial diferencia, exactamente la que va de tomar decisiones reactivas o proactivas.

Es decir, si tu objetivo es no perder, es la supervivencia, la seguridad, tus decisiones dependerán más de lo que hacen los demás que de tu iniciativa.

Los demás: la competencia, el mercado, las circunstancias políticas, económicas… hacen y tú respondes, nunca estás prevenido, nunca te adelantas, siempre vas por detrás.

Sin embargo, si lo que buscas es ganar tendrás la libertad de elegir, tendrás la iniciativa y la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan.

Lo que hagas dependerá de tus decisiones, más que de tus condiciones.

Tus decisiones se someten a tus valores, a tu imaginación y a tu libertad interior de elegir.

Si decides ganar, tendrás que definir exactamente lo que quieres para encontrar la forma de conseguirlo.

Además, tendrás que comprometerte con ese objetivo, es decir, pagar el precio de conseguirlo haciendo todo lo necesario, dando el 100% de tu esfuerzo.

Enfocarte en ese objetivo requiere tener la confianza de que vas a conseguirlo y la motivación suficiente para no rendirte.

Esta motivación empresarial surge del porqué de ese objetivo, qué es lo que te ilusiona, lo que te mueve en esa dirección.

Ese porqué es algo más que un deseo, algo que te gustaría conseguir pero que se puede posponer.

Es tu propósito en la vida, tu fuerza, tu energía, tu ilusión, tu pasión, aquello que te hace sonreír cuando piensas en ello.

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¿Ves oportunidades u obstáculos?

 

¿Cuál es tu percepción habitual de la realidad?

Ves antes las oportunidades o los obstáculos, te fijas en las recompensas o en los riesgos.

Tu forma de pensar en este sentido va a determinar que tomes decisiones basadas en el miedo o, por el contrario, basadas en información y hechos sólidos.

Está claro que cuanta mayor recompensa mayor riesgo, esto no quiere decir que haya que asumir el riesgo a la ligera, sino que hay que valorarlo, estudiar la situación y decidir, confiando en tu capacidad para encontrar diferentes medios para que las cosas funcionen, a pesar de que las circunstancias puedan ser desfavorables.

No se trata tanto de evitar los problemas, como de estar preparado para resolverlos.

Los problemas son inevitables y hay que afrontarlos y orientarse en las soluciones.

Si te centras en quejarte del problema, no podrás centrarte en la solución.

Aprende a manejar los problemas y superar los obstáculos, apoyándote en la meta que quieres alcanzar.

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El recurso más importante.

 

Pensar estratégicamente es tu principal recurso.

No cuesta dinero, pero no hay dinero que lo pague.

Tener una visión global de tu negocio que supere el corto plazo, es la clave de una gestión estratégica.

Para mejorar tienes que saber de dónde partes, cómo eres, que estás haciendo, que haces bien y qué necesitas para mejorar.

Y administrar tus recursos de forma inteligente para conseguir tus fines, en algunas cosas tendrás que reducir y en otras tendrás que invertir.

Salir de una visión a corto plazo y pensar un poco más allá te ayuda a tomar decisiones más eficaces a la hora de administrar tus recursos.

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Tu mejor producto.

 

Tus valores, tu personalidad, tus diferencias, así como tus capacidades y habilidades forman parte de lo que le ofreces al mundo.

Defínelo con precisión y hazlo saber.

Gestiona tu reputación y genera confianza.

Si sientes rechazo ante la promoción y la venta tienes un problema.

Muchas personas piensan que ensalzar su valía es de mala educación o que los buenos productos y servicios hablan por sí solos.

No es así, el mercado está abarrotado de productos y servicios muy buenos.

Si crees que lo que tienes para ofrecer puede ayudar a la gente, tienes que hacer que se entere el máximo número de personas posible, con honestidad y destacando tus ventajas.

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Pensar y actuar.

 

No hay resultados sin acción.

De nada sirve cultivar un enfoque empresarial adecuado si luego no se hace nada.

La mentalidad empresarial es la guía para saber las acciones que debemos emprender, pero después hay que llevarlas a cabo.

Lo que detiene a la acción es el miedo o la duda.

No esperes que ese miedo vaya a disminuir o desaparecer, no ocurrirá.

Solo puedes actuar a pesar de él.

Lo “cómodo” es quedarte donde te encuentras ahora, pero si quieres avanzar tendrás que disponerte a hacer cosas incómodas.

La única ocasión en la que de verdad crecemos es cuando nos sentimos incómodos.

Así que, tendrás que practicar a pesar del miedo, de la incertidumbre, de la duda o de los inconvenientes.

Si no abandonas y continuas probando lo que te asusta, al final te resultará más fácil salir de tu zona de confort.

Entrenar tu propia mente y mandar sobre ella es la habilidad más importante que puedes tener.

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Aprender y crecer

 

Es muy común pensar que cuando somos adultos ya no podemos aprender.

O incluso pensar que ya lo sabemos todo.

Pero lo cierto es que no hay ninguna razón para pensar que si sigues haciendo lo que siempre has hecho, vayas a conseguir mejores resultados.

Lo que necesitas es conocer nuevas formas de pensar y de actuar para obtener nuevos resultados.

Todo cuanto está vivo se haya en constante cambio.

De modo que, si no estás continuamente aprendiendo te quedarás atrás, eso sí, estarás perfectamente preparado para vivir en un mundo que ya no existe.

Es muy importante estar dispuesto a aprender, a escuchar, a observar…

El futuro depende directamente de lo que hagas hoy.

El mejor ejemplo de filosofía empresarial

La forma de pensar es lo que determina el paso de una persona por el mundo empresarial y también por la vida.

La actitud con la que afrontamos los retos, los cambios, los problemas y también los éxitos y los fracasos, determina nuestra forma de vivir.

¿Qué camino es más fácil? El de quien se deja llevar por los acontecimientos y se instala en la resignación y el miedo, o el de quien pelea por conseguir sus objetivos.

Si estás de acuerdo conmigo en que es mucho más difícil lidiar con la frustración, tienes que empezar a hacerte una pregunta…

¿Qué estás haciendo para alcanzar tus metas?

Tener un negocio, en el escenario social y económico actual, hace imprescindible evitar el conformismo y buscar alternativas que generen prosperidad, crecimiento y desarrollo.

Y para conseguirlo hay que empezar por mirar dentro de nosotros mismos, cuál es nuestra forma de pensar y de actuar.

Necesitamos ser creativos para enfrentarnos al mercado, ser estrategas para encontrar soluciones acertadas y ser innovadores para atender las nuevas demandas de los consumidores.

Míralo desde los ojos de un niño, para ellos no hay nada imposible, asumen las circunstancias desde un punto de vista tan natural que resulta asombroso.

Disfruta de este vídeo… Seguro que te inspira.

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